domingo, 3 de agosto de 2008

Nuevamente

Camino bajo un cielo negro que se siente gris, camino por veredas resquebrajadas por esa brisa silenciosa que tiene el viento, cruzo calles eternas, las mismas que son testigos de los miles de accidentes cada día. Acaricio lo poco que dejo este invierno, personas siguen a mi lado con su vida, su ritmo y su rutina.
Podría encender un cigarrillo, pero la incesante lluvia sabe a soledad, esa soledad escalofriante, esa que estaba dormida en mi alma y que hoy mientras las gotas de agua se hacen densas se despierta con más fuerzas para arrasar con mi vida. Los fantasmas que se habían ido por las noches hoy regresan sin invitación, se trepan por mi ventana, invaden mi cuarto, mi vereda, mis lugares, me hablan al odio, me seducen, me toman, me ultrajan para desvanecerse por la mañana cuando el ruido mecánico de un despertador irrumpe mi sueño, mis articulaciones y transforma a mis ojos en marchitos.
¿Cómo puede ser que alguien me hable y no escuche? ¿Cómo puede ser que los abrazos sean ráfagas de viento sobre mi piel? ¿Cómo puede ser que día tras día mi agenda telefónica se llena de números, de conocidos y algunos que podrían serlo y no lo son?
¿Como explico este desgarro que sufre mi alma, este golpe concreto a mi memoria, esta debilitación de mis huesos, el sin sabor del espejo, la lejanía de mi mirada, las palabras que calla mi boca?
El tiempo pasado esta en flor de piel, comprendo que a pesar del paso natural de los meses hay cosas que no se pierden jamás, esas cosas que se transforman, se aletargan, se fortalecen en cada etapa de la vida.
Algo me dice mientras el aroma del café desde la cocina invade mis sentidos dulcemente, mientras de mis ojos caen lágrimas que se ocultan entre maquillaje y esta lluvia sin deseos de parar que la soledad me busca nuevamente, me toca, me acaricia, me deslumbra para luego, una vez mas, sonreír con malicia porque logro su cometido:
Ya no me encuentro.