No puedo negarte que en esta noche fría, mientras los débiles grados de temperatura tiñen a este cielo que cae sobre mi, derrumbándose a pedazos por que tu no estas...
No puedo negarte que mi piel suplica el calor de tu cuerpo, devolviéndome a la vida.
Es tan difícil poder ser clara y condescendiente en mis palabras, ser justa con lo que siento sin olvidar lo que debo. El sabor de comprender que no todo lo que queremos es lo que necesitamos se torna amargo, casi letal.
Mi teléfono, no suena, parece muerto, ya no contesto mensajes y desvió llamadas.
El perfume que me regalaste, aquel que encendía tu sexo con tal solo desnudarlo con los sentidos sigue intacto, como si el también quisiera resguardar, apaciguar en el tiempo su hermosura hasta tu regreso.
Algo de mi, algo de lo que fui me susurra al oído que regresaras, algo de estecielo gris, de estas estrellas deslumbrantes me aseguran una felicidad secreta. Pero la realidad es otra, la realidad es que el café que preparaba para esperarte por las noches esta frió, los cigarrillos que compartíamos mirándonos a los ojos, cuidando nuestras almas sin temores hoy saben amargos, la ropa que olvidaste lleva con ella la presencia de lo pasado, de lo anticuado. Mi pelo se encuentra mucho más largo que la última vez que se entrego a tus brazos, mi cintura podrías tomarla con una sola mano si fuese necesario, y mis ojos ya no se reflejan en los cristales, ellos te buscan por la ciudad sin descanso, ellos se pierden encontrándote, ellos te extrañan maldiciéndote.
La cerradura es la misma, ya veras que algunas cosas no cambiaron. Por eso amor, las mismas paredes que el invierno pinto de lejanas esperan tu fragancia, la suavidad de tus ojos, la locura de tu alma.
Por eso amor, la misma mujer te espera en los sitios donde nos asesinábamos de amor, nos anestesiábamos descansando el dolor que nos comprimía.
Por eso vida mía, aunque sepa que tu corazón continua por inercia, y tu alma te abandono, sigo a tu lado para tomar tu mano, despertar junto a tus labios en un amanecer que nunca nadie, jamás, haya conocido, una amanecer de sol tibio y brisa dulce, aquel amanecer en donde las promesas sean promesas y respiremos sin compromiso, mas que el ser feliz.
sábado, 16 de agosto de 2008
martes, 12 de agosto de 2008
Mi cielo...
Hoy mi cielo esta gris, hoy el aire altera, hoy los pasos irritan y el incesante ruido del reloj consumiendo mi vida es mi compañía. Hoy los recuerdos se desprenden de aquellos cuadros estáticos de la mesa de estar, hoy los fantasmas rondan por la casa en silencio, con ese sabor a lo que fue y ya no volverá.
Vienen a mi con esta brisa que eriza mi piel, cierra mis ojos y me traslada a mi niñez, esos años en donde nada parecía lo suficientemente malo como para no sonreír, donde las calorías no latían en mi cerebro como un demonio al oído. Donde mis pies corrían por el césped de la casa de ventanas grandes, de iluminación destellante, de olores cotidianos. Todo es tan lejano, mis pies ya no saben lo que es andar sin tacos, las ventanas se convirtieron en un retaso de vidrio de pocos centímetros, y los olores solo saben a muerte.
Hoy en esta noche, en este cielo, en estas estrellas necesito anestesiar mi alma, mi historia, por días quizás, por meses.
Emprender una vida como la que soñé alguna vez, sin tenerte a mi lado suena lógico pero no tiene magia, despertarme a las mañanas sin tu cuerpo abrazado al mió suena positivo pero falta calor.
Mi mente es lastimada por estacas que se clavan sin piedad, mi corazón parece estar olvidándose de latir, mis pulsaciones se fueron a París.
Siempre creí en la vida, siempre luche a pesar de que nada fuera un paraíso, siempre le ordene a mi cuerpo en un esfuerzo espantoso el no morir en una cama, el volver a creer, el volver a confiar, pero hoy no me encuentro ni a mi misma, hoy el espejo se rompió, y mi boca sangro, hoy mis costillas sintieron el desgarro del pasado sobre mi.
Querer vivir, con esta anorexia que me atrofia el alma, perder el limite, no tenerlo para no importarme si son unos 45 o 35 kilos lo que me muestra la balanza.
No siento dolor porque ya no podría haberlo mas, mis umbrales se superaron ampliamente sin voluntad. No reclamo, no exijo ni estoy molesta con esta vida, pero hoy puedo decir que no quiero vivir.
Vienen a mi con esta brisa que eriza mi piel, cierra mis ojos y me traslada a mi niñez, esos años en donde nada parecía lo suficientemente malo como para no sonreír, donde las calorías no latían en mi cerebro como un demonio al oído. Donde mis pies corrían por el césped de la casa de ventanas grandes, de iluminación destellante, de olores cotidianos. Todo es tan lejano, mis pies ya no saben lo que es andar sin tacos, las ventanas se convirtieron en un retaso de vidrio de pocos centímetros, y los olores solo saben a muerte.
Hoy en esta noche, en este cielo, en estas estrellas necesito anestesiar mi alma, mi historia, por días quizás, por meses.
Emprender una vida como la que soñé alguna vez, sin tenerte a mi lado suena lógico pero no tiene magia, despertarme a las mañanas sin tu cuerpo abrazado al mió suena positivo pero falta calor.
Mi mente es lastimada por estacas que se clavan sin piedad, mi corazón parece estar olvidándose de latir, mis pulsaciones se fueron a París.
Siempre creí en la vida, siempre luche a pesar de que nada fuera un paraíso, siempre le ordene a mi cuerpo en un esfuerzo espantoso el no morir en una cama, el volver a creer, el volver a confiar, pero hoy no me encuentro ni a mi misma, hoy el espejo se rompió, y mi boca sangro, hoy mis costillas sintieron el desgarro del pasado sobre mi.
Querer vivir, con esta anorexia que me atrofia el alma, perder el limite, no tenerlo para no importarme si son unos 45 o 35 kilos lo que me muestra la balanza.
No siento dolor porque ya no podría haberlo mas, mis umbrales se superaron ampliamente sin voluntad. No reclamo, no exijo ni estoy molesta con esta vida, pero hoy puedo decir que no quiero vivir.
jueves, 7 de agosto de 2008
...
Presionar la gillette, dibujar el espacio, acortar los segundos, para que pronto la piel se desgarre, se parta, se quiebre y la sangre comience a dar su fruto, uno fruto incierto, desconocido pero con olor a vida.
De pronto el espejo visualiza como nadie, la sangre que sobresale tiñendo mis brazos, ocultando mis ojos, lastimando mi respiración.
Volves a mi mente en palabras rancias, en palabras envueltas en egoísmo, en drogas y alcohol.
Mi mente, mi cuerpo, mi alma sufren esa confrontación espantosa que conocí cuando te vi, cuando me hablaste, cuando me transformaste. Amarte y extrañarte para no tenerte, para no volver a verte nunca más, tomar tu mano, defender tu vida, luchar por tu salud para que puedas ser feliz sin estar a tu lado.
Hoy en esta noche fría, desierta, con una brisa fúnebre que desampara a este cielo que se funde con el oscuro de mi pelo y el destello de mis ojos, te pido que seas feliz, te explico que a pesar de los años, a pesar de que la historia continué te amare de esta forma inexplicable, de esta forma que agota mi cuerpo pero fortalece a este corazón agotado cada ves que te encuentro.
No tenemos futuro, porque asesinamos nuestro pasado e insultamos este presente, tuvimos una luz que se desvaneció en mi vientre, tuvimos promesas, tuvimos mentiras, para no tener nada, porque nunca entendiste que mi amor bastaba, porque nunca entendiste que el amor es algo por lo que se lucha, porque nunca respetaste al tiempo y hoy sos esclavo de el.
Porque hasta que mejores, hasta que tu hijo te pueda ver jugando con el sin una jeringa a tu lado, sin un vaso de alcohol o sin recordar quien sos no voy a dejarte, porque deseo que puedas vivir, que puedas darle a ese bebe hermoso todo aquello que no pudimos darle a nuestro hijo, que hoy nos mira desde el cielo esperando sentirse orgulloso de sus padres.
Te amo con fe, te amo con esperanza, pero sin ilusión de amanecer juntos...
De pronto el espejo visualiza como nadie, la sangre que sobresale tiñendo mis brazos, ocultando mis ojos, lastimando mi respiración.
Volves a mi mente en palabras rancias, en palabras envueltas en egoísmo, en drogas y alcohol.
Mi mente, mi cuerpo, mi alma sufren esa confrontación espantosa que conocí cuando te vi, cuando me hablaste, cuando me transformaste. Amarte y extrañarte para no tenerte, para no volver a verte nunca más, tomar tu mano, defender tu vida, luchar por tu salud para que puedas ser feliz sin estar a tu lado.
Hoy en esta noche fría, desierta, con una brisa fúnebre que desampara a este cielo que se funde con el oscuro de mi pelo y el destello de mis ojos, te pido que seas feliz, te explico que a pesar de los años, a pesar de que la historia continué te amare de esta forma inexplicable, de esta forma que agota mi cuerpo pero fortalece a este corazón agotado cada ves que te encuentro.
No tenemos futuro, porque asesinamos nuestro pasado e insultamos este presente, tuvimos una luz que se desvaneció en mi vientre, tuvimos promesas, tuvimos mentiras, para no tener nada, porque nunca entendiste que mi amor bastaba, porque nunca entendiste que el amor es algo por lo que se lucha, porque nunca respetaste al tiempo y hoy sos esclavo de el.
Porque hasta que mejores, hasta que tu hijo te pueda ver jugando con el sin una jeringa a tu lado, sin un vaso de alcohol o sin recordar quien sos no voy a dejarte, porque deseo que puedas vivir, que puedas darle a ese bebe hermoso todo aquello que no pudimos darle a nuestro hijo, que hoy nos mira desde el cielo esperando sentirse orgulloso de sus padres.
Te amo con fe, te amo con esperanza, pero sin ilusión de amanecer juntos...
domingo, 3 de agosto de 2008
Nuevamente
Camino bajo un cielo negro que se siente gris, camino por veredas resquebrajadas por esa brisa silenciosa que tiene el viento, cruzo calles eternas, las mismas que son testigos de los miles de accidentes cada día. Acaricio lo poco que dejo este invierno, personas siguen a mi lado con su vida, su ritmo y su rutina.Podría encender un cigarrillo, pero la incesante lluvia sabe a soledad, esa soledad escalofriante, esa que estaba dormida en mi alma y que hoy mientras las gotas de agua se hacen densas se despierta con más fuerzas para arrasar con mi vida. Los fantasmas que se habían ido por las noches hoy regresan sin invitación, se trepan por mi ventana, invaden mi cuarto, mi vereda, mis lugares, me hablan al odio, me seducen, me toman, me ultrajan para desvanecerse por la mañana cuando el ruido mecánico de un despertador irrumpe mi sueño, mis articulaciones y transforma a mis ojos en marchitos.
¿Cómo puede ser que alguien me hable y no escuche? ¿Cómo puede ser que los abrazos sean ráfagas de viento sobre mi piel? ¿Cómo puede ser que día tras día mi agenda telefónica se llena de números, de conocidos y algunos que podrían serlo y no lo son?
¿Como explico este desgarro que sufre mi alma, este golpe concreto a mi memoria, esta debilitación de mis huesos, el sin sabor del espejo, la lejanía de mi mirada, las palabras que calla mi boca?
El tiempo pasado esta en flor de piel, comprendo que a pesar del paso natural de los meses hay cosas que no se pierden jamás, esas cosas que se transforman, se aletargan, se fortalecen en cada etapa de la vida.
Algo me dice mientras el aroma del café desde la cocina invade mis sentidos dulcemente, mientras de mis ojos caen lágrimas que se ocultan entre maquillaje y esta lluvia sin deseos de parar que la soledad me busca nuevamente, me toca, me acaricia, me deslumbra para luego, una vez mas, sonreír con malicia porque logro su cometido:
Ya no me encuentro.
martes, 29 de julio de 2008
Dejarte ir...
Sin pensarlo en un día de verano, con el sol naciendo sobre el mar, la brisa cálida perfumando el roce de mí pelo nos cruzamos por esas causalidades que tiene nuestro destino.Tus ojos claros se mezclaron con mis lágrimas negras, me miraste fijamente mientras la marea se hacia dueña de nuestros sueños, esos sueños que los fracasos tiñeron de distantes quitándonos la ilusión.
Curaste mis ojos con el roce de tus labios, tomaste mis manos rescatando la sangre que parecía no querer parar, nutriste mi cuerpo con desayunos cada mañana, engorde seis kilos a tu lado, seis kilos que me llenaron de sonrisas, de miradas cómplices, de entregas infinitas.
Pasábamos tardes caminando por la playa, hablando horas en silencio, celándonos sin razones, queriéndonos sin prejuicios.
Nuestro pasado ya no importaba, al fin y al cabo nuestra historia era lo que hoy nos hacia encontrarnos, reconocernos, sin promesas falsas ni mentiras amargas en los labios.
Un total de quince días en donde mi piel se acostumbro a tu fragancia, donde mi cuerpo parecía revivir, donde mis brazos no eran clavados de la gillette, donde respirar no dolía.
Pero aquel domingo por la noche, con la luna sobre nuestros ojos, la oscuridad no solo se apodero de la ciudad sino de mi alma, los fantasmas regresaban en carne viva, me abrazaban, me hablan al oído, las imagines se proyectaban una y otra ves sobre el mar que se pintaba de un rojo sangre.
De pronto algo se resquebrajo dentro mió, lleve mis manos al corazón y pude sentir como este paraba de latir, como las fibras del amnios se desgarraban brutalmente, golpee mi tórax con violencia intentando abolir al destino. Me miraste con un brillo incierto, repleto de incertidumbre.
Mis piernas temblaban, mi sangre era veneno por las venas, mi cabeza estallaba, me aleje de tu lado mientras mis labios te susurraban esas palabras que dije y no sentí.
-Olvídate de todo, porque para mi nunca exististe-
Camine metros, kilómetros sobre una arena fría, hiriente. Podía sentir tu llamado, podía sentir tu amor en cada célula de mi cuerpo y sin embargo me sentía sin vida.
Y hoy vida mía tengo que decirte que quien te hablo aquel día con aquella mirada cruel, con esa alma helada no era yo sino el dominio que se apoderaba de mí, que una ves mas no me dejo ser feliz.
lunes, 28 de julio de 2008
Incierto

Me levanto temblorosa, observo por la ventana entre abierta, el cielo esta nublado y sin embargo no llueve, el aire se viste de una niebla suave y cálida que adormece los sentidos. Mis ojos están cansados, mis labios lastimados por el ayer, y mi alma en estado critico después de tu noticia.
La ciudad en plena madrugada mientras preparo el desayuno fantasma y mentiroso desde hace más de seis años esta perfumada de una fragancia extraña pero agradable. Pareciera desde esta habitación que el ritmo de los lunes pesa mas de lo que debería, que la ráfaga del fin de semana se esfumo sin que algunos llegaran a sentirla.
Algo de mi suele extrañarte, algo de tu ausencia parece no sentirse.
Me acerco al espejo, mi piel después de mucho tiempo vuelve a ser transparente, ese transparente que lastima, rasga y duele. Mi memoria recuenta, se convierte en conciente en su propia locura, descubro que hace más de nueve días que mi cuerpo no sabe lo que es alimentarse. Pero no reclama, hasta el se acostumbro. La presión parece estar bajo tierra, mis manos esclavas del frió ya no recuerdan lo que era una circulación justa.
Mi sangre se altera, mi estomago grita, mi garganta se desgarra, mi cabeza estalla, mis huesos sobresalen, mi corazón late cada ves con menos fuerzas, con menos ilusiones.
La balanza indica unos cuarenta kilos que visten todas mis soledades rodeada de gente y de nadie. En la radio suena el cantautor que aun hoy se lleva mis suspiros, y mi alma agradece esta caricia.
Una parte de mi huye, camina en un sentido directo, concreto a ese lugar sin fin, a ese lugar en donde el presente se ve lucido, eterno y sincero, pero otra parte, la mas oscura, la mas perturbada retoma el pasado entre las brisas que abrazan a este cuerpo. Una parte aun sigue cavando la tumba que quiere llenar, una parte de mi busca la vida y otra la muerte. El espejo parece estar cansado de mis cambios, de no reconocerse, de perderse tanto en la soledad de no tenerse.
Mis ojos están desesperados por volver a sentir y mi garganta arde entre llamas intensas, esas que no quieren apagarse.
Salgo a la calle, en un esfuerzo brusco de mis vértebras, respiro una y mil veces en un intento vano de resucitar aquello que ya no vive.
Y comprendo que la anorexia no solo consumió mi cuerpo sino mi vida…
La ciudad en plena madrugada mientras preparo el desayuno fantasma y mentiroso desde hace más de seis años esta perfumada de una fragancia extraña pero agradable. Pareciera desde esta habitación que el ritmo de los lunes pesa mas de lo que debería, que la ráfaga del fin de semana se esfumo sin que algunos llegaran a sentirla.
Algo de mi suele extrañarte, algo de tu ausencia parece no sentirse.
Me acerco al espejo, mi piel después de mucho tiempo vuelve a ser transparente, ese transparente que lastima, rasga y duele. Mi memoria recuenta, se convierte en conciente en su propia locura, descubro que hace más de nueve días que mi cuerpo no sabe lo que es alimentarse. Pero no reclama, hasta el se acostumbro. La presión parece estar bajo tierra, mis manos esclavas del frió ya no recuerdan lo que era una circulación justa.
Mi sangre se altera, mi estomago grita, mi garganta se desgarra, mi cabeza estalla, mis huesos sobresalen, mi corazón late cada ves con menos fuerzas, con menos ilusiones.
La balanza indica unos cuarenta kilos que visten todas mis soledades rodeada de gente y de nadie. En la radio suena el cantautor que aun hoy se lleva mis suspiros, y mi alma agradece esta caricia.
Una parte de mi huye, camina en un sentido directo, concreto a ese lugar sin fin, a ese lugar en donde el presente se ve lucido, eterno y sincero, pero otra parte, la mas oscura, la mas perturbada retoma el pasado entre las brisas que abrazan a este cuerpo. Una parte aun sigue cavando la tumba que quiere llenar, una parte de mi busca la vida y otra la muerte. El espejo parece estar cansado de mis cambios, de no reconocerse, de perderse tanto en la soledad de no tenerse.
Mis ojos están desesperados por volver a sentir y mi garganta arde entre llamas intensas, esas que no quieren apagarse.
Salgo a la calle, en un esfuerzo brusco de mis vértebras, respiro una y mil veces en un intento vano de resucitar aquello que ya no vive.
Y comprendo que la anorexia no solo consumió mi cuerpo sino mi vida…
sábado, 26 de julio de 2008
Un clavo no saca otro clavo

La noche de sábado despierta a la ciudad, altera los humores y resurgen las sonrisas agotadas por la rutina de la semana. Enciendo un cigarrillo mientras observo mi placar vencido de tanta ropa y sin embargo nada que agrade a mi personaje del día.
Maldigo haber aceptado la propuesta de salir esta noche como las viejas amigas que fuimos alguna vez y hoy se reconocen a pesar de todo.
Pasan las horas, mi mirada persistente en un vestuario todavía indefinido distingue el cambio brusco de temperatura de esta extrañaba ciudad que vacila entre temperaturas cálidas y un témpano de hielo. Aunque quizás solo sea yo, una vez más.
Mi inconformidad opta por un vestido negro y zapatos rojos, mi rostro se enfrenta al espejo, pálido y frió mientras se funde de sombras extrañas que agotan mis pestañas y asfixian mi piel.
Llegan a buscarme, el sonido del timbre retumbando de mi oído altera el autismo de mis días. La fragancia del perfume que me regalaste se adueña de mi cuerpo sin quejas.
El bar esta lleno de gente que saluda, sonreí ante mi presencia como si me conocieran, me zambullo en una vergüenza ajena por las mentiras que se inventan sobre todo aquello que no soy.
El reloj dejo huir tres horas, ciento ochenta minutos entre tragos que no probé y cigarrillos que se desvanecieron en un aire de nadie.
Me alegra haber aceptado, volver a encontrarme con la misma rubia de metro ochenta que celebraba mis locuras y me abrazaba entre lágrimas. Me alegra saber que podemos volver a conocernos después de una vida distanciadas. Reímos sin risas que retuvimos durante el tiempo que no nos vimos.
De pronto la figura conocida pero indistinguible de un hombre cerca mió irrumpe nuestros recuerdos de polleras tableadas. Lo miro a los ojos, lo siento pero no lo descubro. El se acerca, me retiene en su mirada y me dice:
-seguís igual de hermosa como el día en que me dejaste-
Mi respiración se corta en el regreso obsesivo de mi memoria repleta de olvidos necesarios que tuve que fingir para sobrevivir.
Y ahí te encuentro hace dos años atrás, en donde te habías convertido en el clavo que nunca pudo sacar al otro, en donde te convertiste en el chivo espiratorio para olvidar por un segundo al hombre que hoy sigue invadiendo mis noches y ultrajando mi alma.
Tus besos sabían al no poder tener los suyos, tus abrazos eran ofensas a lo que sentía mi alma por eso aquel día hace dos años atrás te deje entre un no te quiero, me equivoque.
Mi mente procesa imágenes, vivencias a una velocidad que incluso te sorprendería. Me paro, sonrió y te abrazo mientras suena el tema de moda que todos bailan.
-¿Qué es de tu vida?-te pregunto mientras la actriz renace de sus cenizas y me presento como la mujer que nunca olvidaste.
-¿Después de vos?-me dices mientras tu mano izquierda indica al mozo tu trago de siempre.
-Después de mí el tiempo siguió y la vida no se detuvo-digo esclavizándote a mi lado con mi mirada.
Charlamos, reímos, me miras, te recuerdo, me lastimas, te desgarro, te acercas a mis labios, te busco, te enloquezco como cuando me conociste y me alejo. La historia no se repite porque esta vez te soy clara mientras vos desnudas tú alma, me prometes que esta vez quizás sea distinto, que me deje querer y así poder amarte.
Te contesto que el amor no es cuestión de tiempo, que el amor no es algo que se pueda crear como quien planta una semilla. Que el amor que no se siente no puede existir.
Me ofreces un futuro, tus ojos verdes me juran protección, me ofreces una casa, una habitación de caricias, me ofreces amarme, y cuidarme, todo aquello que cualquier mujer elegiría menos yo.
Porque no voy a mentirme ni engañarte porque no tengo ganas de fingir orgasmos mientras mi alma extraña a otro, porque aunque ahora no entiendas cuanto te digo en mis ojos negros que no quiero lastimarte con esto que soy en un futuro vas a entender que te salvaste de esta mujer de alma fría, de cuerpo tibio, de labios prometedores y alma asesina.
Maldigo haber aceptado la propuesta de salir esta noche como las viejas amigas que fuimos alguna vez y hoy se reconocen a pesar de todo.
Pasan las horas, mi mirada persistente en un vestuario todavía indefinido distingue el cambio brusco de temperatura de esta extrañaba ciudad que vacila entre temperaturas cálidas y un témpano de hielo. Aunque quizás solo sea yo, una vez más.
Mi inconformidad opta por un vestido negro y zapatos rojos, mi rostro se enfrenta al espejo, pálido y frió mientras se funde de sombras extrañas que agotan mis pestañas y asfixian mi piel.
Llegan a buscarme, el sonido del timbre retumbando de mi oído altera el autismo de mis días. La fragancia del perfume que me regalaste se adueña de mi cuerpo sin quejas.
El bar esta lleno de gente que saluda, sonreí ante mi presencia como si me conocieran, me zambullo en una vergüenza ajena por las mentiras que se inventan sobre todo aquello que no soy.
El reloj dejo huir tres horas, ciento ochenta minutos entre tragos que no probé y cigarrillos que se desvanecieron en un aire de nadie.
Me alegra haber aceptado, volver a encontrarme con la misma rubia de metro ochenta que celebraba mis locuras y me abrazaba entre lágrimas. Me alegra saber que podemos volver a conocernos después de una vida distanciadas. Reímos sin risas que retuvimos durante el tiempo que no nos vimos.
De pronto la figura conocida pero indistinguible de un hombre cerca mió irrumpe nuestros recuerdos de polleras tableadas. Lo miro a los ojos, lo siento pero no lo descubro. El se acerca, me retiene en su mirada y me dice:
-seguís igual de hermosa como el día en que me dejaste-
Mi respiración se corta en el regreso obsesivo de mi memoria repleta de olvidos necesarios que tuve que fingir para sobrevivir.
Y ahí te encuentro hace dos años atrás, en donde te habías convertido en el clavo que nunca pudo sacar al otro, en donde te convertiste en el chivo espiratorio para olvidar por un segundo al hombre que hoy sigue invadiendo mis noches y ultrajando mi alma.
Tus besos sabían al no poder tener los suyos, tus abrazos eran ofensas a lo que sentía mi alma por eso aquel día hace dos años atrás te deje entre un no te quiero, me equivoque.
Mi mente procesa imágenes, vivencias a una velocidad que incluso te sorprendería. Me paro, sonrió y te abrazo mientras suena el tema de moda que todos bailan.
-¿Qué es de tu vida?-te pregunto mientras la actriz renace de sus cenizas y me presento como la mujer que nunca olvidaste.
-¿Después de vos?-me dices mientras tu mano izquierda indica al mozo tu trago de siempre.
-Después de mí el tiempo siguió y la vida no se detuvo-digo esclavizándote a mi lado con mi mirada.
Charlamos, reímos, me miras, te recuerdo, me lastimas, te desgarro, te acercas a mis labios, te busco, te enloquezco como cuando me conociste y me alejo. La historia no se repite porque esta vez te soy clara mientras vos desnudas tú alma, me prometes que esta vez quizás sea distinto, que me deje querer y así poder amarte.
Te contesto que el amor no es cuestión de tiempo, que el amor no es algo que se pueda crear como quien planta una semilla. Que el amor que no se siente no puede existir.
Me ofreces un futuro, tus ojos verdes me juran protección, me ofreces una casa, una habitación de caricias, me ofreces amarme, y cuidarme, todo aquello que cualquier mujer elegiría menos yo.
Porque no voy a mentirme ni engañarte porque no tengo ganas de fingir orgasmos mientras mi alma extraña a otro, porque aunque ahora no entiendas cuanto te digo en mis ojos negros que no quiero lastimarte con esto que soy en un futuro vas a entender que te salvaste de esta mujer de alma fría, de cuerpo tibio, de labios prometedores y alma asesina.
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